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A Rosana Marugán in memoriam

Despedida de Rosana Marugán.

Ayer en Nava de la Asuncion era tal el dolor que hasta el cielo, antaño de luz por primera vez, lloraba en forma de granizo al conocer la noticia de su muerte.

Aunque sea un instante. Jaime Gil de Biedma

Aunque sea un instante, deseamos
descansar. Soñamos con dejarnos.
No sé, pero en cualquier lugar
con tal de que la vida deponga sus espinas.

Un instante, tal vez. Y nos volvemos
atrás, hacia el pasado engañoso cerrándose
sobre el mismo temor actual, que día a día
entonces también conocimos.

Se olvida pronto, se olvida el sudor tantas noches,
la nerviosa ansiedad que amarga el mejor logro
llevándonos a él de antemano rendidos
sin más que ese vacío de llegar,
la indiferencia extraña de lo que ya está hecho.

Así que a cada vez que este temor,
el eterno temor que tiene nuestro rostro
nos asalta, gritamos invocando el pasado
–invocando un pasado que jamás existió–

para creer al menos que de verdad vivimos
y que la vida es más que esta pausa inmensa,
vertiginosa,
cuando la propia vocación, aquello
sobre lo cual fundamos un día nuestro ser,
el nombre que le dimos a nuestra dignidad
vemos que no era más
que un desolador deseo de esconderse.

Rosana Marugán, una mujer muy comprometida con su tierra, que llegó a ser candidata a la alcaldía de Santiuste de San Juan Bautista por el PSOE en el año 2007, falleció el pasado viernes en Nava de la Asunción.

Rubén Fernández Maroto

 

Autor: Opinion

Muévelo

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