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Desde el mar de Pinares: ¡Qué lío de fiesta nacional!

La Virgen y la enseña nacional.

La Virgen y la enseña nacional.

Después del día de la Fiesta Nacional me he levantado con una sensación de lío tremendo sobre esto de la patria y la nación. Como siempre, desacuerdo general, cada vez más. Historietas y justificaciones peregrinas, postureos, declaraciones vacías, lecturas interesadas de la historia y desgana general es el resumen del día de nuestra fiesta nacional. No es de extrañar. Somos un país bastante raro. Los símbolos que a otros los unen, a nosotros nos separan. En la fiesta nacional montamos un lío con las presencias y las ausencias. Tampoco la bandera levanta pasiones. La utilizamos muy poco, apenas para actos oficiales y para el fútbol. Fuera de ahí solo la sienten suya los sectores más significativos de la derecha. Con el himno el problema es aún mayor. Para empezar no tiene letra, ni nadie se atreve a ponérsela. El sonido de sus acordes suele acarrear discordias, más que sentimientos de unión, que es lo que provoca en todos los paises.

Quizás haya que recordar que en este país hubo una guerra hace ya 80 años, pero que todavía hoy siguen apareciendo los dos bandos por los motivos más pequeños: el nombre de una calle, una bandera de la Legión, la camiseta de un futbolista, un monumento, que se restaura o que se quita, o el cavado de una fosa. Si esto pasa 80 años después quiere decir que hay un problema sin resolver y que aflora en cada momento con la excusa más pequeña. No se puede pasar página sobre algo lleno de borrones, porque vuelve constantemente. El día de la fiesta nacional es una muestra más de tantos problemas sin resolver, o siquiera sin plantear.

La bandera y el toro.

La bandera y el toro.

Pero volvamos a nuestro 12 de octubre. Estado, patria, país, nación, tierra, territorio…son nociones parecidas para nombrar algo indefinido y cuyo significado cambia según quién y cuándo lo emplee. De todas ellas, solo la palabra patria hace alusión a algo únicamente inmaterial, ideológico, espiritual, si se quiere, y sobre todo que nos lleva al campo del sentimiento y de las emociones. Por eso es lo más ambiguo y lo más manipulable. Casi nadie discute lo que es un país, en cambio nadie se pone de acuerdo en lo que es una patria. La palabra siempre se utiliza al lado de ejército, de hechos de guerra o de celebraciones y desfiles militares. Si no hay militares no hay patria. Se utilizan otras palabras.

Hoy no está muy de moda hablar de patria o de patriotas. Solo las emplean los políticos de la derecha. Los de la izquierda prefieren utilizar otras de significado más concreto. Sin embargo, Pablo Iglesias, como buen populista, se declara patriota, dándole el sentido que más le interesa. Como palabra ambigua y que se apoya en las emociones les presta un buen servicio a los partidos que no tienen necesidad de un programa con medidas concretas, sino que buscan despertar emociones y crear estados de ánimo, en contra de unos y a favor de otros.

Otras opiniones: para Barack Obama “el patriotismo es más que fidelidad a un lugar en el mapa, es el respeto a unos valores y a una forma de pensar”. No deja de ser algo muy difuso, porque probablemente yo tenga los mismos valores y parecido pensamiento que un siciliano, un noruego o un neozelandés, sin embargo nos separa la geografía, la historia, la música…¿es eso, entonces, la patria?

Banderas-cuatro

En un repaso histórico no todos escriben bien sobre la patria. Sólo se habla de patria en ocasiones especiales, para otras cosas hablamos de país o de estado. “Cuando el estado se hace llamar patria se está preparando para asesinar a alguien” dice, de manera radical, Friedrich Durrenmatt. Ya hace mucho tiempo que el concepto de patria empezó a ponerse en solfa. “El patriotismo es el huevo donde nacen las guerras”(Guy de Maupassant). Esta es una forma de desenmascarar la utilización que se hace de la palabra cuando llega el momento de las guerras. Para Bertrand Rusell “el patriotismo es la disposición de matar y dejarse matar por razones triviales”. O de manera más contundente, “El patriotismo es el último refugio de los canallas” (Samuel Johnson). “El patriotismo es la virtud de los depravados”, escribía también Oscar Wilde. También ha habido escritores que se han preocupado por un sentido amplio y abierto de identificarse con los otros hombres. “No he nacido para un solo rincón, mi patria es todo el mundo” (Séneca). En el mismo sentido, “Para el hombre dichoso todos los países son su patria” (Erasmo de Roterdam) y también Cicerón: “Donde quiera que se esté bien allí está la patria”. Hannah Arendt lo concreta más aún: “Nunca en mi vida he amado a ningún pueblo ni colectivo, ni al pueblo alemán, ni al francés, ni al norteamericano, ni a la clase obrera, ni a nada semejante. Solo amo a mis amigos y el único tipo de amor que conozco y en el que creo es el amor a las personas” . Y para concluir miramos al espíritu abierto oriental .”No debe enaltecerse a quien ama a su patria, sino a quien ama al mundo entero. La Tierra es un solo país y la humanidad son sus ciudadanos” (Baha´u´llah´ fundador de la universalista fe Bahai).

Desde el mar de Pinares: Jesús Eloy García Polo

Autor: Opinion

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