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Desde el mar de Pinares: Vamos hacia el desastre

Banderas esteladas ante el palau de la Generalitat.

Durante estos días de Semana ha habido dos viveros de información para los anodinos telediarios. Ambos núcleos son complementarios desde hace un tiempo y se retroalimentan. Por un lado nos han ofrecido eternos reportajes de las procesiones, con el boato y la parafernalia de sus devotos. Por el otro estaban las noticias sobre el sainete catalán que llegaban desde Alemania. Así nos han tenido entretenidos estos días de aparente escasez de noticias merecedoras de un telediario.

Ahora que ya nos aburre el tema catalán es cuando empieza a llegar a un punto realmente preocupante porque los grupos de la Kale borroka catalana se están activando ante la mirada pasiva de unos y otros. Nadie atisba una salida, nadie se arriesga a hablar de diálogo. Los bloques ya son inamovibles. O no.

Según las últimas Elecciones hay un 52% de catalanes que no son independentistas. La cifra es mayor según las últimas encuestas. ¿Qué idea de país ofrece el gobierno de Mariano Rajoy a esa mayoría? ¿Qué proyecto de convivencia, qué perspectivas para la colaboración, qué razones para un futuro en común? Lo que ofrece el Partido Popular lo hemos visto en el otro núcleo de noticias. Es el nacionalismo español más rancio. La imagen de un Estado vacío de contenido y lleno de símbolos de un pasado que no acaba de pasar. Es la España de charanga y pandereta, con sus procesiones, sus legionarios desfilando con un Cristo en brazos, sus ministros cantando como posesos. Es la confusión de Iglesia y Estado para beneficio de ambos. Es una España que mira hacia atrás, sin ofrecer nada para un futuro que puedan compartir esa mayoría de catalanes que aún miran a España como parte de su pasado, de su presente y de su futuro.

Banderas españolas en Barcelona este sábado 30 de septiembre.

En todos estos meses el Gobierno ha apostado por la política de confrontación sin ningún discurso que ofrezca estímulos para seguir perteneciendo a un Estado que se empeña en apoyarse en símbolos y tópicos heredados del pasado, aunque sean merecedores de respeto. A los catalanes que no son independentistas el Gobierno les ofrece la imagen de una España monocolor, intransigente, con soluciones de porras y cárceles, sin argumentos y, sobre todo, sin un relato creible de la crisis catalana. Todo el mundo reconoce que la batalla de la información, en los medios nacionales y en el extranjero, la han ganado los independentistas por goleada.

He hablado de la postura del Partido Popular, pero ni el PSOE ni Podemos han servido de referencia para todos aquellos que quieren seguir incluidos en el proyecto de una España común. La postura de los socialistas, tanto catalanes como centrales ha sido realmente penosa, vacía y turbia. La de Podemos ha sido una postura de ambigüedad constante. Cuando en Cataluña todo el mundo está definido y tiene muy claro en qué lado se posiciona, solamente la alcaldesa de Barcelona lo ignora y hace equilibrios en el trapecio de la ambigüedad. Ciudadanos está recogiendo su premio en votos por la claridad de sus ideas en la apuesta catalana.

Si yo fuera catalán y tuviera que elegir entre las mentiras de los unos y el nacionalcatolicismo, cada día más fascistoide, de los otros tendría que tomarme un tiempo para pensarlo.

A más de la mitad de los catalanes les estamos ofreciendo una España que parece seducirlos muy poco. Nadie se esfuerza por hablar en positivo de un proyecto común y de que en ese proyecto hemos estado juntos mucho tiempo y nos ha ido bastante bien. Sobre ese tema todos los partidos de izquierda están callados. Parece que les avergüenza hablar de España como proyecto común. No podrá haber un Estado plurinacional si primero no hay un Estado, con una idea de convivencia y con una voluntad de trabajar juntos, sumando las posibilidades de cada territorio. ¿Quién ofrece hoy esa idea de Estado integrador? La izquierda camina cada vez más hacia unos reinos de Taifas donde cada presidente autónomo sería el gran señor de sus territorios, con su hacienda, sus banderas, sus himnos, su folclore identitario, su televisión convenientemente manipulada.

La pasividad y la incapacidad de Mariano Rajoy y de buena parte del espectro político para hacer frente al desafío histórico nos está conduciendo silenciosamente al desastre, que ahora pasa desapercibido entre procesiones, operaciones triunfo, utilización mediática de niños asesinados y programas glamurosos de cocina. Cuando se desvanezca este humo mediático ya no entenderemos nada de lo que habrá sucedido. Entonces buscaremos unos culpables en los extremistas, los moros y los extranjeros, los vagos que no buscan trabajo, los antisitema… La vieja conjura juedeomasónica de los viejos tiempos.

Autor: Jesús Eloy García Polo

Muévelo

2 Comentarios

  1. Bravo, da gusto leer algo constructivo y con sentido común entre tanto odio.

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  2. Tu escrito,me parece muy claro y correcto,no queremos ver que la izquierda de este pais es rancia,y esta terminando por separar no solo una parte sino todo el territorio.

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