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Islandia (3): Sinfonía de agua y viento

  • Fotos: Jesús Eloy García

Anoche fuimos a parar con nuestros huesos a Reikiavik, donde teníamos contratado un apartotel. Si fuéramos gente normal, después de la necesaria ducha y la merecida cena, nos hubiéramos ido a dar una vuelta y tomar unas pintas, caras, en algún agradable pub y por la mañana nos hubiéramos relajado en las calentitas aguas del famoso Blue Lagoon. Pero viajando con unos fotopsicópatas esos planteamientos son impensables. Nosotros nos quedamos en casa hablando de gigas ocupadas, balance de blancos …y redactando este blog, sin una triste cerveza que llevarme a la boca. Así de sacrificada es la vida de los fotógrafos entregados a la causa.

Di gracias a la Virgen del Henar porque no se preveían auroras ni por la noche ni en la madrugada. Eso nos permitió dormir bien y comenzar tranquilamente el recorrido del día de hoy. Vamos hacia el sur por la carretera 1, que circunvala toda la isla. Hoy visitamos los puntos más turísticos con las cataratas más conocidas. El tiempo ha sido agridulce, típico día islandés, con aguas, luces increíbles de un sol de invierno, nubarrones y chubascos traicioneros, cuando estaban los equipos desplegados.

El clima islandés está templado por la cálida Corriente del Golfo. Si no fuera por ella, Islandia estaría como Groenlandia. Otro milagro de esta isla encantada. Es tan seductora que todos todos estamos repitiendo ya este viaje, salvo Juan Carlos, que está cayendo rendido ante la belleza y las sorpresas de estas tierras volcánicas.

Por todo el día hemos continuado pisando campos eternos de lava, cubiertos de un denso musgo que nos daba la sensación de estar pisando blandas esponjas. Por ahora solo los musgos están colonizando esas zonas tan negras. En los lugares donde se va desarrollando un poco de suelo aparecen hierbas de tipo alpino, algunos arbustos y últimamente…¡árboles!. El gobierno ha emprendido campañas de repoblación en las zonas donde sea posible. Recuerdo que cuando estuve por aquí en 2010 apenas se veían árboles. Los bosques primigenios fueron desapareciendo a lo largo de los siglos. Islandia quedó pelada, por la mano del hombre. Ahora han comenzado a repoblar con abetos, abedules y algunas otras pocas especies capaces de adaptarse a estos crudos inviernos. Llama la atención el contemplar las hileras de abedules al lado de la carretera. Es un logro más de esta gente tan esforzada.

Las cascadas hacen de esta ruta un recorrido inolvidable. Seguimos la carretera que nos lleva entre el mar y los farallones rocosos de la zona central. Desde allí se despeñan constantemente los cauces de agua, que parece que buscan los lugares más espectaculares para despeñarse. Unas veces son grandes chorros, otras son hermosas cortinas y en algunas es posible hacer un recorrido por detrás de las ruidosas aguas. También hemos visto las riadas de cenizas que dejó el último volcán que erupcionó en 2010. A cada paso vemos muestras de tierras recientes, de movimientos brutales, muestras de la fuerza de las entrañas del planeta que nos maravillan y nos aterrorizan. Siempre nos sorprenden que es lo que buscamos. Los psicólogos baratos de ahora nos dirían que buscamos salir de la “zona de confort”.

Autor: Jesús Eloy García Polo

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