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Nueva Zelanda : Adios al paraíso

Adios al paraiso.

Nos despedimos de Nueva Zelanda en la ciudad de Christchurch, la capital del Sur. Paradójicamente es una ciudad que muestra la otra cara de un país que disfruta de una naturaleza privilegiada. Ha sufrido varios terremotos desde 2011 que han dejado bastante destruido todo el centro. Hay muchos solares vacíos, edificios demolidos y otros muy apuntalados. La catedral parece que ha sido arrasada por las tropas de Atila. Han construido una catedral transitoria de cartón y tirantes de acero. Es un nuevo atractivo turístico.

La vida sigue en la ciudad. Han llenado las paredes del centro con grandes graffitis artísticos para mostrar otra cara ciudadana más animada y encontramos a guías municipales que ayudan a los despistados turistas a orientarse entre andamios, obras, edificios modernos, mercados en containers y museos varios. Parece que no tienen muy claro qué y cómo reconstruir sobre un suelo que se mueve constantemente. Nos decía una mujer taxista que normalmente cada diez días hay un pequeño temblor.

Vista de la ciudad de ChristChurch.

También estos desastres son parte de las manifestaciones de la naturaleza y la exibición de su fuerza más activa. El planeta sigue en construcción, sigue vivo y en cada rincón de Nueva Zelanda podemos contemplarlo con admiración. La sensación final del viaje es la de habernos sumergido en una naturaleza en estado puro, naturaleza virgen en muchos rincones, bosques que están ahí desde hace cien millones de años y aguas salvajes que siguen dando forma a valles y montañas. A veces teníamos la impresión de que en algún momento por estos bosques tan primitivos podríamos ver aparecer a Adán y Eva paseando a sus anchas por este paraíso.

La conciencia ecológica se reaviva y no podemos dejar de comparar estas islas con otros países industrializados donde hemos destruido bosques, contaminado ríos y arruinado el medio ambiente. La vida moderna reclama sus espacios, siempre a costa de la naturaleza. Cada vez somos menos los que vivimos en un mundo rural. Más del cincuenta por ciento viven en ciudades de espaldas al corazón y al ritmo del mundo natural. Utilizan la naturaleza como escapada, desconexión, relax… y otros tópicos para esconder la necesidad que tenemos de estar en contacto con la tierra, el sol y el agua.

Atardeceres dorados.

En ese sentido es un país realmente envidiable. Mantiene una población escasa a pesar de sus enormes recursos. Vemos en otros países que la mayor amenaza para el planeta es la presión demográfica y la necesidad constante de ampliar los recursos, que suele ser a costa de las selvas tropicales, de minas contaminantes y de cultivos que agotan las tierras para saciar nuestra sed occidental de café, cacao, soja…

Nueva Zelanda presume dee una conciencia ecológica muy estricta para mantener intocable buena parte del país. Es un ejemplo para la comunidad mundial, pero muy poco seguido, si lo comparamos con la Amazonia o las selvas del sudeste asiático. Sin embargo este es el camino a seguir antes de llegar a un mundo superpoblado que agote los recursos en unas cuantas décadas. Si embargolos políticos y sus políticas no van precisamente por ahí. Son los científicos los que nos advierten. Los políticos nos tranquilizan y nos mienten desde Trump al primo de Rajoy. ¿Por qué votamos a políticos que nos mienten?

Autor: Jesús Eloy García Polo

Muévelo

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