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Tercer día “buscando las luces del norte” en Islandia

Foto: Jesús Eloy García. Locos por una isla.

Dice el Génesis que Yavé, el dios de lo judíos, estuvo seis días trabajando haciendo nuestro mundo y el séptimo descansó. Pero recorriendo Islandia uno tiene la certeza de que simplemente se fue a tomar algún tentempié para recuperarse y que todavía continúa trabajando en nuestro planeta, moviendo tierras, encendiendo volcanes, descongelando glaciares y en otras mil actividades que nos dicen que vivimos en una Tierra en construcción. En el fondo, recorriendo estos lugares se comprende mejor nuestro lugar en el mundo y en el universo. Los hombres somos muy poca cosa. Los movimientos de la naturaleza los llamamos catástrofes, cuando simplemente son la manifestación de la fuerza que vive bajo nuestros pies. La Naturaleza crea, modifica y destruye para volver a crear. Nosotros somos un simple accidente. Islandia es la página más importante de ese libro.

Hoy hemos seguido hacia el sur por paisajes dejados por volcanes muy recientes. Apenas algunas hierbas van colonizando estos campos de lava y cenizas. Hemos cruzado unos cuantos puentes que pasan por encima de amplias zonas negras con derrubios traídos por las inundaciones que provocan los glaciares. Los volcanes surgen en el fondo de un glaciar, el hielo se funde y produce un gran río subterráneo que cuando aparece arrastra todo a su paso, hasta que encuentra el mar. Cada pocos años hay una situación dramática de este tipo.

 

  • Foto: Jesús Eloy García

La carretera nos lleva por paisajes increíbles con paradas obligadas para todos los viajeros. La playa negra de Vik, los rocas llamadas Trolls en medio de las aguas bravas, la playa de Reynisfjara, la postal de la montaña de Lomagnutur y las primeras lenguas del gran glaciar de Vatnajokull, que ocupa una extensión como toda la provincia de Zamora. Es el más grande de Europa. Estos encuadres tan negros y extraños nos sorprenden constantemente, sobre todo los más volcánicos. Solemos calificarlos como paisajes de otro planeta. No es verdad, no son paisajes marcianos, son paisajes de nuestro planeta Tierra que es la mayor maravilla que conocemos. Es rico, variado, acogedor y amenazador, cambiante y siempre sorprendente más allá de nuestro propio rincón, aunque no consigamos ver las auroras boreales.

Tercer día y tercera noche sin que aparezcan las verdes luces del norte. Hoy hemos llegado hasta Jokursarlon, uno de los lugares más emblemáticos de Islandia. Hemos resistido dos horas en la serena y fría noche, junto al glaciar, esperando con auténtica fe la llegada de las luces en un lugar irrepetible y con luna llena. Pero las predicciones no se han equivocado, nosotros, sí. Las aplicaciones sobre el tema afinan mucho. Nos dicen el nivel, la hora y la claridad del cielo…pero hasta ahora nada de nada. Seguimos confiando en la bondad de los dioses vikingos ancestrales.

Mientras tanto continuamos disfrutando de las alforjas que trajimos del Carracillo. Jamón y embutidos de calidad, judías rojas y lentejas de Sanchonuño, vinos de la Ribera, agua de fuego de Palazuelos, ricas sopas de cocido, junto con tomates y lechugas españolas que nos venden los super islandeses. No podemos quejarnos. Durante el día nunca encontramos tiempo para sentarnos a comer, pero las cenas son el momento más agradable de cada día. Recordamos las batallas de la jornada, preparamos los planes de la siguiente y reímos para recuperar las fuerzas perdidas entre trípodes, filtros ND y mochilas fotográficas. Seguimos en el empeño porque las alegrías que cada día nos proporciona esta isla no caben en una página de tres mil quinientos caracteres.

Autor: Jesús Eloy García Polo

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