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Armenia (6): A la sombra del monte Ararat

La montaña mítica por excelencia es sin duda el Monte Ararat. Con sus 5165 metros de altitud presenta una silueta imponente de volcán perfectamente formado. Al lado tiene a su hermano pequeño, el Masis, con más de 3000 metros. No es de extrañar que desde la antigüedad esta montaña haya sido centro de todo tipo de mitologías.

Según la Biblia, en sus faldas Noé terminó su periplo de refugiado y superviviente, en un arca a la deriva, iniciando de nuevo el recorrido de la vida en la tierra con todas las especies que llevaba a bordo. Para las religiones del libro fue la segunda oportunidad que el dios justiciero de la Biblia dio a su pueblo para reconducirlo por el camino del bien, fiel a sus mandatos y lejos del pecado.

En muchas culturas, desde América hasta Australia, aparece un gran diluvio-inundación en sus mitos ancestrales que se interpreta como el resurgimiento de la vida, tras una época de penalidades y desastres naturales. Hoy se acepta, como la hipótesis más probable del diluvio en las culturas occidentales, una subida muy rápida del nivel de las aguas en el Mar Negro, debida al deshielo al final de la ultima glaciación. Las aguas arrasaron culturas florecientes que estaban en las orillas de un mar con temperaturas cálidas y con espacios provechosos para la caza y la pesca. El desastre natural quedó reflejado en los relatos de los supervivientes que se esparcieron por todos los rincones del Cáucaso y de Oriente Medio. Es una hipótesis, elaborada a partir de los restos de culturas neolíticas encontrados en las orillas búlgaras del Mar Negro a unos 60 metros de profundidad.

Tomarse al pie de la letra los bellos mitos de la Biblia me parece una tontería sin igual, solo al alcance de los americanos, que hacen expediciones para buscar los restos del Arca de Noé en algún lugar de estas laderas. Los mitos intentan explicarnos en lenguaje poético y figurado todo lo relativo a los orígenes y al lugar de los hombres sobre la tierra.

Pero desde aquí en Armenia, contemplando el Ararat desde el Monasterio de Khor Virat se tiene la impresión de que todas los mitos que lo rodean pueden ser ciertos. Tal es su imponente presencia.

A la sombra del Ararat se convirtió al Cristianismo el rey armenio Tiridates III, curado milagrosamente de su locura por san Gregorio Iluminador, que se convirtió en el primer Katolicos (Papa) de la Iglesia Armenia. Hablamos del año 301. Este monasterio es el mayor centro de peregrinación del país, por estas circunstancias históricas y suponemos que también por la belleza de su emplazamiento.

Hoy, sin embargo, el monte Ararat está en tierras turcas. Desde el monasterio se ve la frontera que dibuja el río entre los dos países, separados por odios, guerras y enfrentamientos que se alargan hasta hoy, en que no tienen relaciones diplomáticas, ni de ningún tipo. El problema central es el reconocimiento por Turquía del Genocidio armenio…

Una de las primeras cosas que hizo Noé al bajar del Arca fue plantar una viña. Debió acertar con el terreno, porque hoy se cultivan miles de hectáreas de viñas en toda esta zona, de la variedad areni, endémica de Armenia. De nuevo un mito bíblico sitúa el nacimiento del vino al pie del monte Ararat. Armenia lo conserva como orgullo nacional, aunque la verdadera fama la tiene su brandy Ararat. Los buenos vinos, de reconocimiento internacional, los probaremos en la vecina Georgia. ¿Por qué? La racionalización del sistema soviético hizo que Armenia se especializara en brandy y Georgia en vino. Cuenta la historia que, en la Conferencia de Yalta, Stalín ofreció a Churchill el brandy Ararat. Le encantó y desde entonces cada año le debía enviar a Londres varias cajas del ansiado brandy.

Pero hoy hemos vivido un impacto más a los pies del Ararat. Hemos estado visitando una cueva con unas excavaciones arqueológicas que, en 2007, con participación internacional, sacaron a la luz tinajas de vino de hace 6000 años, entre otros restos y utensilios varios. Yo recordaba que un sobrino de mi amigo Javier Senovilla había estado excavando en Armenia hace unos años durante bastante temporadas. Le he mandado unas fotos a Javier y enseguida ha reconocido el lugar. Fue aquí donde estuvo excavando Patricio Domínguez Alonso, fallecido hace dos años, colaborando en descubrir los secretos guardados en esta cueva desde hace seis milenios y que hoy muestran orgullosamente los armenios.

Encontramos aquí al lado un gran cementerio, tan particular como todos. Parece que los armenios quieren descansar cerca del Ararat, como los judíos en El Valle de Josefat, para llegar los primeros al Paraíso. Seguro que los dioses, que cada tarde bajan a pasear a la sombra de la montaña guardarán por mucho tiempo el recuerdo de Patricio que nos ayudó a recordar el regalo del vino que nos hicieron los dioses para alegrar los días del hombre sobre las ásperas tierras.

Autor: Jesús Eloy García Polo

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