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Desde el mar de Pinares: Conflicto sin solución

Banderas esteladas en la plaza de San Jaime.

“El Nacionalismo es lo poco de religión que queda en nuestros días”(Toynbee)

Estamos viviendo la semana grande del independentismo en Cataluña, con desfiles, cánticos, fuegos artificiales, peregrinaciones, procesiones con los santos del procés y con plegarias a sus mártires. Nadie puede decir cómo evolucionará esta situación a corto o a medio plazo.

Desde la distancia, tanto física como emocional, podemos tener una perspectiva que nos permita ver la situación con más claridad que cegados por el humo de las barricadas, físicas o ideológicas. Desde aquí apreciamos que cada vez se asemeja más a la evolución en el tiempo del conflicto en el País Vasco. No hay muertos, pero el problema, la situación y las perspectivas son las mismas. En el País Vasco tardaron 30 años en darse cuenta de que fundamentalmente el enfrentamiento y el conflicto no era con el gobierno de Madrid sino con la otra mitad de los vascos, que no se sienten nacionalistas. Los partidos independentistas catalanes necesitan señalar como enemigo al gobierno nacional para unir a sus seguidores. Vuelven al lema “todos los problemas vienen de Madrid”, que llegué a ver escrito en un libro de texto de Primaria del País Vasco, allá en los 90.

En realidad el conflicto no es de Cataluña con España. El conflicto es de la mitad de los catalanes, independentistas, con la otra mitad de sus conciudadanos que no lo son. Una Cataluña silenciada y silenciosa. Todos son catalanes, aunque los más ruidosos se apropien de la denominación de origen, hablen en nombre todos y parezca que es Cataluña entera la que protagoniza el conflicto. Si la gran mayoría de los catalanes fuera independentista hace mucho tiempo que el conflicto estaría resuelto.

En el fondo no es un problema del encaje de Cataluña en el Estado, sino que es un problema de convivencia con los otros catalanes, los “malos catalanes”que no piensan igual. Por esta razón, una mayor autonomía, un Estado federal o una hipotética independencia no traería la solución porque siempre seguiría habiendo una mitad de la población que se mantendría en desacuerdo y en lucha por sus objetivos.

Es un conflicto sin solución y el ejemplo lo vemos una vez más en el País Vasco. Tras recorrer un callejón sin salida, han optado por un sentido práctico, por tender lazos para la convivencia, sin olvidar las reivindicaciones históricas, que siempre quedan muy bien en los discursos políticos. En ello están y parece que les va bien.

Los nacionalismos nacieron a la sombra del Romanticismo del siglo XIX y hoy han rebrotado a la sombra de una Globalización que borra las diferencias y provoca la uniformidad en gentes, culturas, ropas, músicas…borrando diferenciaciones históricas. Ante este panorama ¿qué mejor arma para salvar la propia identidad que el reclamo de una nación y una cultura, aunque sea un objetivo ficticio, romántico, irreal y antihistórico?.

Las burguesías del XIX se hicieron nacionalistas para arrebatar el poder a las viejas monarquías, imperios y aristocracias caducas. Mientras tanto los sindicatos de las clases populares se hicieron internacionalistas. La burguesía catalana se quedó en el intento y desde entonces, cada 30-40 años tiene un rebrote de exaltación nacionalista. Sucedió en la I República, en la Semana Trágica, luego con la II República, después a la llegada de la Constitución con el Estatuto y ahora asistimos al nuevo brote atizado por la explosión de la crisis global.

Como citaba al principio, el Nacionalismo se ha convertido en la nueva religión del siglo XXI. Como cualquier religión, es un medio muy efectivo para unir a la gente en torno a ideales utópicos, que una clase social determinada manipula en su favor para mejorar su estatus. Se necesita crear enfrente un Diablo, un Imperio del Mal (en este caso el “Estado Español) al que achacarle todos los males que afectan a sus ciudadanos. La corrupción, la crisis, el paro, la austeridad, los problemas sociales, el autoritarismo, la manipulación…todo viene de Madrid.

Por otro lado se dibuja también un Paraíso, una Tierra Prometida, hacia donde se camina: una sociedad libre, una nación independiente, donde no habrá explotación de los ciudadanos por parte de un pueblo extranjero. Todos trabajarán por un bien común que traerá la felicidad duradera. Los códigos, comportamientos, discursos, símbolos, mártires, ceremonias, peregrinaciones…todo sigue un esquema de las viejas religiones.

Ya hace siglos que la Biblia explicó este programa, que se ha repetido indefinidamente y siempre lo hemos visto teñido de sangre, sudor y lágrimas, pero nunca de felicidad. Para seguir con las comparaciones bíblicas ahí está hoy la Tierra Prometida, Israel, en una lucha sin solución posible: dos pueblos y una sola tierra.

En la Cataluña de hoy encontramos dos sociedades, cada vez más distintas, más alejadas y enfrentadas, que tienen que convivir en el mismo país. No hay más solución que los acuerdos, las cesiones y los puntos de encuentro para hacer posible la convivencia. La independencia tampoco solucionaría nada porque no es una sociedad homogénea y el conflicto permanecería igual. Un Referendum agudizaría la división y, en caso de que no triunfarán “los buenos catalanes”, reclamarían su repetición tiempo después, como ha ocurrido en situaciones parecidas.

Creo que estamos asistiendo a los fuegos artificiales del Fin de Fiesta.

Autor: Jesús Eloy García Polo

Muévelo

2 Comentarios

  1. Estando en casi todo de acuerdo contigo, creo que pasas por alto, que este aproximadamente 50% de independentistas, no era tal, hasta hace apenas un puñado de años. Apenas superaría el 20%. Realmente allí se están haciendo las cosas muy mal, pero la mecha que prendió el fuego, fue todo lo relacionado con el estatuto de Cataluña, y la búsqueda de firmas del PP, para tumbarlo. Tú, al igual que yo, imagino que sabemos de bastante gente, que para nada eran, ni se sentían independentistas, pero con el devenir de todos estos acontecimientos, y la manipulación de sus políticos, ahora sí lo sienten, y creen a pies juntitas todo lo que les cuentan.
    Desgraciadamente, yo ni a corto ni a medio plazo, veo ninguna solución. Y eso realmente me apena.

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  2. Muy bueno este artículo. Me parece totalmente acertado en su exposición y en su reflexión. Ojalá lo leyeran todos los catalanes.

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