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Desde el mar de Pinares: ¿Hablar bien de España?

Nuestros políticos de cabeza.

Parece que hoy me he levantado con buen pie y es un día de para dejar de escuchar a todos los agoreros o resentidos con el mundo que inundan la prensa y las redes sociales. Es un día para echar otra mirada a esta tierra que llamamos España y hacer algo que no está de moda, ni bien visto, ni es “tremending topic”: hablar bien de este país. Ya sé que no interesa a nadie y que solo se leen con regusto los lamentos y los exabruptos de todos los Jeremías amargados. Siempre a cuestas con el tópico,”¿Pero…, en qué país vivimos?”

Sin embargo algo debe de tener España cuando, en frase atribuida a Bismark, “hay muchas fuerzas intentando romper España desde hace 500 años, pero no lo han conseguido”.

Aunque los medios amarillentos de comunicación llenen sus horarios con violaciones, secuestros, robos, abusos y noticias carcelarias, España es uno de los países con menor índice de criminalidad del mundo. Por la influencia de esos mismos medios nuestras leyes se han ido endureciendo en los últimos años y nuestras cárceles tienen mayor población reclusa que la que correspondería a nuestros delitos en otros sistemas europeos. Vivimos en una sociedad bastante segura y pacífica donde se puede pasear con tranquilidad por la noche en cualquier ciudad, como reconocen todos los extranjeros. Esta misma sociedad mantiene una red de solidaridad que ha quedado de manifiesto en los peores años de la crisis, donde los apoyos familiares, los bancos de alimentos y la ayuda de los cercanos han conseguido mitigar la escasa implicación del poder político en los temas sociales.

Toda la prensa extranjera reconoció que la reacción ante los atentados del 11 Marzo y de Barcelona fue ejemplar, sin ningún tipo de clima antiislámico y sin parangón en los atentados de otros países. No hay partidos xenófobos o racistas en el Parlamento, aunque se oigan notas sueltas. Nuestra extrema derecha permanece, en su mayor parte, dentro del PP, por eso está más controlada y no llega a las barbaridades xenófobas de los italianos, los griegos, holandeses o alemanes. El clima social es muy diferente y España sigue mostrándose como una tierra de acogida, que no quiere decir de fronteras abiertas sin límite.

Seguimos siendo solidarios en la acogida de inmigrantes, a pesar de que hasta este mes las prácticas del anterior gobierno estaban muy alejadas del sentimiento general de la población. Las ONGs tienen buena prensa, cumplen su tarea, son reconocidas y están lejos de los oscuros negocios y corruptelas que se han denunciado en otros países. Claro que aquí hay corrupción en otros ámbitos, pero no somos ninguna excepción, como quieren hacernos ver. El hecho de que el cuñado del Rey haya ingresado en prisión, tras recorrer muchos desvíos, da una credibilidad meritoria al sistema judicial, tan presionado por el inmenso poder político que el Partido Popular ha acumulado hasta hoy. También protestamos ruidosamente ante la sentencia sobre La Manada y la mentalidad que se adivina en muchos jueces.

Tenemos un sistema educativo mejorable, pero que sigue funcionando como escala de ascenso social, incluso en plena crisis. Nuestros graduados están repartidos por el mundo, buscándose la vida, y es tarea de los políticos hacer que regresen los que quieran para que fructifique aquí toda la inversión que hemos hecho padres y sociedad en su formación. Es una gran riqueza que tenemos en hibernación.

Somos un país solidario cuando seguimos año tras año liderando el ranking mundial de transplantes, tanto en donaciones como en funcionamiento del sistema. Eso habla bien de nuestro sistema público de salud, reconocido como uno de los mejores, aunque ahora cojee por algunos sitios por la falta de apoyos del gobierno anterior, más interesado en potenciar los negocios de la sanidad privada. Este gran nivel sanitario no es ninguna casualidad. Ha sido unas constante histórica desde los reyes Católicos que levantaron hospitales y apoyaron donaciones privadas en el mismo sentido. El mismo empeño ´constructivo se trasladó a América y es llamativo que la ciudad de Lima tuviera en el Siglo XVIII más camas hospitalarias por habitante, que las que hoy tiene Londres. (Mª Elvira Roca Barea). Así continúa hoy nuestro sistema sanitario público.

La energía social se manifiesta contundente y con fuerza pero de forma pacífica. Esa energía hizo que España fuera el primer país en reconocer los matrimonios del mismo sexo, cuando parecía una medida extrafalaria y provocativa. Siguió la energía en las acampadas del 15M, que se solidificaron en un nuevo partido con gran presencia en el Parlamento, donde se cambian las leyes. Pero continúa la energía vivificadora en las grandes manifestaciones feministas, en el éxito del 8 M., punta de lanza en Europa, y en las infinitas manifestaciones de pensionistas que han conseguido tanto un Consejo de Ministras como una revisión del incremento de las pensiones.

Nuestro problema más serio es que los políticos no están a la altura de los españolitos de la calle y que la gente honrada, maja y preparada no quiere dedicarse a la política.

Pero en definitiva, somos un país vivo, inclusivo y solidario, con gran riqueza de relaciones sociales, como demuestra el hecho de que seamos el país con más bares por número de habitantes. Pero cuidado, no estamos entre los primeros en índice de alcoholismo, que es muy diferente. Hay siete restaurantes españoles entre los 50 mejores del mundo. Eso manifiesta nuestra alegría de vivir. Si a esto le añadimos que somos un país con gentes muy diversas, en historia, en comidas, costumbres, fiestas, lenguas y actitudes ante la vida, podemos mirarnos con optimismo y esperar que poco a poco arreglemos nuestras diferencias y sigamos conviviendo, al menos hasta el próximo mundial.

Autor: Jesús Eloy García Polo

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