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El segoviano Ángel Galicia en la ruta de las misiones Jesuíticas Guaraníes

La segunda parte del viaje del aventurero Ángel Galicia, (Hontalbilla), comenzó con el cruce de la frontera desde Posadas (Argentina) hasta Encarnación (Paraguay) por el puente internacional San Roque González de Santa Cruz, una faraónica construcción que con sus 2.550 n de longitud cruza el cauce del inmenso río Paraná, el segundo más largo de Sudamérica después del Amazonas.

El pueblo paraguayo nos recibió con una hospitalidad, sencillez, cariño y predisposición difícilmente igualables en ningún rincón del mundo. Las Misiones Jesuíticas de las de Santísima Trinidad del Paraná y Jesús de Tavarangüé fueron nuestra primera toma de contacto con estos testimonios excepcionales de lo que fueron los pueblos establecidos porlos misioneros de la Compañía de Jesús en la región, una experienciaeducativa, religiosa, social y cultural, única llevada a cabo en los siglos XVI y XVII.

La magnitud de los restos arqueológicos de estas dos «Reducciones Jesuíticas» y la historia de lo allí acaecido han sido reconocidos como  Patrimonio de la Humanidad por parte de la UNESCO en 1993.

El siguiente punto en la ruta fue la visita a la comunidad indígena de Guaviramí en la provincia de Itapúa, donde descubrimos su forma de vida ancestral de los guaraníes, sus costumbres y su artesanía. Casualmente tuvimos el privilegio de presenciar una demostración del coro de esta comunidad tan estrechamente vinculada con el mundo de la música, dirigido por el cacique de la misma.

Ese mismo día visitamos también la ciudad de Bella Vista, capital de la yerba mate, y la Yerbatería El Pajarito con su correspondiente museo familiar. Degustamos el famoso «tereré», esa especie de mate frío, que nos ayudó a vigorizarnos y de paso a refrescarnos de los 38 grados que marcaban los termómetros esa tarde.

La gastronomía paraguaya tiene una marcada influencia del pueblo guaraní, en fusión con la cocina española y las provenientes de la inmigración recibida de varios rincones del mundo durante varios siglos.

No dejamos de probar la famosa chipa, la sopa paraguaya (que por cierto no es líquida y más bien se parece a nuestra tortilla de patatas), la mandioca en sus diferentes formas, el vorí vorí, el poroto, el asadito, los lomitos árabes, las empanadas y los helados(incluido el helado de yerba mate)…todo un lujo para los buenos paladares.

El siguiente destino fue la Reserva Natural Yacyretá en la isla homónima, que se creó con el propósito de mitigar el impacto del represamiento del río Paraná por la hidroeléctrica Yacyretá, y visitamos posteriormente las Misiones Jesuíticas de Santiago, y San Cosme y San Damián. En esta última pudimos contemplar su famoso reloj solar fabricado por el Padre Buenaventura Suárez, que m ás allá de su apostolado pasó a la historia por ser el primer astrónomo del hemisferio sur.

Misión de San Ignacio Guazú.

Nuestro último día en Paraguay también discurrió por la Ruta Jesuítica. En este caso para visitar las misiones de Santa Rosa de Lima, con su impresionante capilla con pinturas murales y tallas de madera policromada, Santa María de Fe con su museo que cuenta con 57 esculturas de arte sacro ubicado en casas de la época destinadas a albergar a indígenas guaraníes de más alta posición social, y San Ignacio Guazú, la primera misión fundada por la Compañía de Jesús en Paraquaria.

Esta misión cuenta en su Museo Diocesano con una valiosa colección de imágenes de madera policroma de gran valor histórico y artístico, provenientes de la antigua iglesia. Finalizado el periplo por este singular país, bastante desconocido para losneuropeos, regresamos a Argentina en tren para evitar las inmensas caravanas que se forman en el puente denSan Roque a consecuencia de los trámites fronterizos a los que son sometidos todos los vehículos que lo cruzan.

En Argentina visitamos tres misiones más, la majestuosa San Ignacio Miní con su impresionante espectáculo nocturno de luz y sonido, y las menos conocidas de Loreto, que tiene en su historia el haber puesto en marcha la primera imprenta de América en 1700, y Santa Ana que se especializó en la construcción de instrumentos musicales. Ambas prácticamente devoradas por la selva.

Nuestro último destino antes de volver a Puerto Iguazú a coger nuestro vuelo para Madrid fueron las minas de Wanda, que recostadas sobre el caudaloso río Paraná, permiten a sus visitantes apreciar este singular atractivo a cielo abierto y también penetrar en sus túneles con sunpenetrante olor a pólvora recién detonada.

El yacimiento extrae de las entrañas de la tierra piedras semipreciosas de cristales de cuarzo, amatistas, ágatas y topacios, entre las más importantes. Y el viaje llegó a su fin, no sin antes recibir una nueva sorpresa al averiarse el avión que nos debería traer de vuelta en un repostaje en Asunción, lo que nos obligó a volver vía Buenos Aires para poder regresar a Madrid.

Autor: Ángel Galicia

Autor: Opinion

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1 Recado

  1. Viaje que tendrás que repetir para acompañaros!

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