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Los Ministriles de Cuéllar

Los Ministriles en el ábside de Santiago.

La música cálida de Los Ministriles no estuvo acompañada por una noche agradable. El frío y el viento constante no nos permitieron disfrutar de la música, como dignamente merecía el trabajo de estos seis músicos. Aún así, los Ministriles ofrecieron un amplio repertorio de piezas, recorriendo las músicas cortesanas y populares de los siglos XVI y XVII.

Los antiguos ministriles fueron heredando el oficio de los trovadores medievales. Trabajaban en grupos de instrumentistas y se desplazaban allá donde los requerían. Algunos llegaron a tener trabajos estables en las cortes de los nobles o en las Capillas de Catedrales importantes. Pero, como siempre, el oficio de músico era duro, poco reconocido y peor pagado.

En el Concierto de ayer fuimos viendo aparecer los diferentes instrumentos que utilizaban estos artistas. Fue un tiempo de gran creación, de incorporación, de adaptación y fusión de elementos que pululaban por las naciones europeas. Escuchamos diversas chirimías, antecesoras de nuestras dulzainas. Eran las preferidas para músicas en ambientes al aire libre o de mucho jolgorio, por su tono especialmente agudo. También nos llegaron los sonidos de antiguas flautas de pico y traveseras, junto con el bajón, que ya era elemento fundamental en cualquier grupo. Marco Mantovani se atrevió con otros instrumentos menos usuales en músicos ambulantes, por la dificultad de sus traslados, como los salterios de arco y el dulcimer. En las percusiones emplearon diferentes tipos de panderos que con su ritmo suponían siempre una invitación a la danza. Muchas piezas eran danzas cortesanas o populares, incluso algunas propias de cantos de taberna. No todo eran composiciones serias para las capillas de las Catedrales.

Un momento del concierto.

El Concierto mostraba el constante trabajo de Los Ministriles durante estos años. Después del Concierto recordaba Marco Mantovani la primera vez que vino a tocar a Cuéllar. Fue en las primeras Cenas Medievales en el Patio del Castillo, allá por 1998. Tocó con el grupo Cantiga que habían formado los hermanos Ramos, en su investigación de la música castellana, más allá de la música de dulzaina y tamboril. Ahí comenzó una colaboración que se ha ido acrecentando hasta llegar a consolidar esta formación de Los Ministriles que buscan nuevas expresiones y nuevas presencias para la llamada música tradicional.

Aplausos, reconocimiento, fidelidad y apoyo es todo lo que ofrecemos para recompensar a Los Ministriles por tantas horas de trabajo anónimo y silencioso, tantas horas de ensayo, para ofrecernos de vez en cuando unos ratos de buena música rescatada de la noche de los tiempos, rescatada de las tabernas, los bailes y las celebraciones de los siglos XVI y XVII.

Autor: Jesús Eloy García Polo

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