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Transiberiano (2): Moscú, la capital de un Imperio

Día 2. Moscú : La capital de un Imperio 5 de agosto

Plaza Roja, Kremlim, San Basilio, río Moscova, Catedrales, más iglesias… Caras largas de los vigilantes, caras aburridas de la gente por las calles y por los parques.

Moscú es una ciudad en construcción, obras y ruido por todas partes. Es una capital por hacer, pero sobre todo, por definir cómo quiere hacerse. Más allá de la Plaza Roja no hay un Moscú antiguo, no hay calles con sabor especial, para guardar en el recuerdo. No podemos compararla con alguna ciudad española, para hacernos entender.

Es una capital de más de diez millones de habitantes, la capital de un imperio de 17 millones de Kms. cuadrados, (34 veces España), con once horas diferentes, más de cien lenguas y otras tantas etnias. ¿Cómo definir una capital para todo este puzzle?

Hemos visto una ciudad llena de novias haciéndose fotos sobre los puentes o delante de las iglesias. Los moscovitas vuelven a llenar las iglesias. Necesitan creer en algo. Las antiguas creencias se derrumbaron. Han vuelto a los dioses previos a la Revolución, cuando ya en la vieja Europa los vamos viendo desde muy lejos.

Pura, una amiga de Cuéllar que vive en Moscú, nos ha acompañado todo el día para satisfacer nuestra curiosidad por Moscú. Hemos cenado en su casa, con su marido y su hijo, una cena multiétnica que define lo que será la cocina del futuro, con platos españoles, árabes, rusos…Quizás sea la última comida seria que hagamos hasta que volvamos a Madrid. No serán comidas malas, seguro, pero serán…un poco raras. Cuando viajamos sabemos que estamos preparados para comer de casi todo. Mañana empezamos a ponerlo en práctica. De momento hoy brindamos con Ribera de Duero.

Y hoy comento:

“Con la perspectiva que da el tiempo ahora comprendemos cuánto nos defraudó Moscú. Era la primera etapa de nuestro viaje y encontramos allí todo lo peor de nuestras ciudades. La arrogancia de los nuevos ricos y la miseria de los pobres de siempre. Cochazos impresionantes y mujeres mayores vendiendo unas alpargatas de su propia artesanía casera. Salvo la Plaza Roja, es una ciudad para no recomendar a nadie. Todas las noticias que nos han llegado posteriormente desde Moscú así lo han corroborado. Vimos la alegría de los rusos por descubrir las calles, llenándolas tanto de novias como de puestos callejeros y de música. Pero había algo raro en el ambiente, en los rostros que se acercaban a las iglesias pidiendo un don indefinido que ni los dioses ni las autoridades iban a concederles.

La sombra de Putin es muy alargada y lo inunda todo. Su poder no tiene límites ni contrapesos. Es un nuevo zar que se ha aliado otra vez con la Iglesia Ortodoxa más tradicional, al igual que hicieron los antiguos zares, para sostenerse mutuamente en el poder. A lo largo de todo el camino vimos siempre cómo la nueva oligarquía se ha quedado con todos los recursos económicos, condenando a buena parte de los ciudadanos a la pobreza, sin apoyos sociales y sin más esperanza que una botella de vodka barato o la misericordia de un dios lejano.

Nuestro viaje comenzaba y ya nos sentíamos impactados por los nuevos aires. Faltaban miles de Km. por recorrer y estábamos deseosos de ver caras, pueblos y paisajes nuevos. La curiosidad es el motor del viajero y le mueve a conocer a los otros habitantes de esta aldea global. Dice Dostoievski que “el hombre, para descubrir su humanidad, debe cortar sus amarras y lanzarse a los caminos”. Esa es nuestra idea. Cada viaje es una oportunidad para contemplarnos a nosotros mismos y a nuestra cultura desde otro punto de vista. Siempre viajamos para conocernos mejor.

Autor: Jesús Eloy García Polo

Muévelo

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