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El viaje «más largo»: Una semana en el transiberiano

Dia 3. Las 23,55. Silba el tren.¡Partimos! 6 de agosto

Por fin, casi a las doce de la noche subimos al tren. Dejamos Moscú y comenzamos a viajar hacia Siberia. Pero antes, en la Estación Yaroslavsky, volvemos a ponernos nerviosos. Llega la hora de la verdad. Nos esperan cuatro noches y tres días en el tren hasta nuestra primera parada en Irkustk, la ciudad más bonita y occidentalizada (dicen) de Siberia.

Tenemos la primera gran alegría: nos encontramos con un grupo de cinco españoles que compartirán nuestro viaje los dos primeros días. Nos da pena dejar nuestro Hotel Basílica en Moscú. Un sitio muy agradable, lleno de vitalidad y de furor artístico. Las paredes, habitaciones y patios están llenas de cuadros, esculturas y obras de arte de vanguardia en general, que contribuyen a quitar la frialdad de los hoteles y hacen la estancia más disfrutable.

Ya vemos el tren en las vías. Por supuesto, no pone Transiberiano, se llama Vostok (Este, en ruso) porque viaja hacia el este. Hay que decir que el Transiberiano no es un tren, sino la línea que une Moscú con Vladivostok, en el Pacifico. Hay muchos trenes que hacen esta línea en distintos tramos, locales, de media y de larga distancia.

También es posible hacer otros recorridos a partir de la línea central que atraviesa Siberia. Hay partes de este recorrido que son de las más transitadas del mundo. Por aquí efectúa Rusia la mayor parte de su comercio con el resto de Asia, sobre todo con las antiguas repúblicas soviéticas. Tenemos que abandonar la idea de un ferrocarril aventurero y romántico. Es una doble vía electrificada con muy alta densidad de tráfico en los primeros tres mil kilómetros. Nos esperan más de 9.000 kilómetros, más de siete días de tren, con tres paradas intermedias.

Vamos provistos de buenos almuerzos del segador, porque no estamos seguros de encontrar siempre comida fiable. Seguimos el buen consejo de viajeros anteriores. Buen chorizo, lomo y jamón son imprescindibles para atravesar las estepas de Asia. Ya los mongoles hacían sus conquistas provistos de buena carne seca, que llevaban bajo las sillas de montar.

Nos dicen que mas allá de Moscú veremos una Rusia muy diferente, la Rusia pobre y por desarrollar. Siberia es la gran despensa mineral del Imperio, pero el desarrollo social, económico y cultural es otra cosa diferente. Ya lo iremos viendo poco a poco. La comunicación y el entendimiento serán difíciles porque los rusos son como los españoles: les da mucha pereza aprender inglés. Pero siempre hay otro tipo de comunicación. Son casi las doce de la noche del seis de agosto. Suena el tren. Dejamos Moscú. Iniciamos el viaje. Estallamos de alegría.

Hoy comento:

Llevábamos más de seis meses preparando el viaje. Toda la burocracia es muy dura con estos países. Al final, tras muchas frustraciones, tuvimos que conseguirr los billetes y los visados a través de una agencia. Los billetes no eran caros, pensando en que eran unos 9000 km. en tres tramos y países diferentes. Los caros de verdad fueron visados; nos costaron casi tantoos como los billetes. A nosotros nos ponían mil dificultades, exigiendo documentos, datos, reservas, fechas…Cuando hablamos con la Agencia no había ningún problema. Solo entregar el pasaporte y unos cientos de euros…

La salida en el tren desde Moscú fue realmente emocionante. Saltábamos de alegría. Estábamos emocionados, después de tantos meses de preparación. La primera noche la pasamos como niños que montan por vez primera en un tren. Era una pena que fuera de noche. No pudimos ver el momento en que cruzamos el Volga o cuando pasamos los Urales, cruzando el límite, marcado, que separa Europa de Asia. Cuando despertamos, muy prontito, nos lanzamos a las ventanillas con curiosidad infantil. En la primera parada nos echamos todos al andén ¡Por fin estábamos en Siberia! Todo era digno de ser mirado con detenimiento, trenes, caras, carromatos, casas…Estábamos tan lejos de casa…!

Nos esperaban muchos días para seguir sorprendiéndonos. Volvimos al tren como si fuera nuestra casa de toda la vida. Preparamos el desayuno en el samovar (grifo con agua hirviendo) y nos sentamos a disfrutar del nuevo mundo que se nos ofrecía por las ventanillas.

Autor: Redacción Cuéllar

Muévelo

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