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Viajar desde casa: Recordando el Transiberiano

  • Cuellaranos camino de Moscú.

En estos días de cautiverio es bueno dejar volar la imaginación y los recuerdos para sentirnos vivos. Por eso traigo aquí las páginas de mi primer Blog de Viaje, escrito a lo largo de la Ruta del Transiberiano en agosto de 2011. Éramos ocho amigos buscando la experiencia de un tren mítico, el infinito de las estepas mongolas y la locura de la Gran Muralla. Fueron largos meses de preparación para un viaje de algo más de tres semanas. Ahora lo recordamos siempre como el mejor viaje de nuestra vida, donde más aprendimos y más disfrutamos.

Mantendré los textos de las crónicas originales, añadiendo algunos comentarios para degustar mejor los diferentes recorridos y lugares.

Día 00. Cuéllar 3 de agosto

Ya casi todo está dispuesto. En los meses anteriores, preparando un viaje, se disfruta tanto como en el viaje mismo. Cada lectura, cada foto, cada video, cada blog es un anticipo de lo que vendrá. Y ,después de haber viajado por aquí y por allá, es fácil darse cuenta de que los viajes con más preparación son los que llevan mayor disfrute añadido. Todo se paladea más, porque se entiende mejor y se sitúa mejor en su momento histórico y social. Si no es así, nunca pasamos del “¡ Qué bonito…!”, sin entender nada de lo que hay detrás de ese edificio, ese paisaje, esas señoras, ese niño o de ese tren. ¡Ojo! Eso no significa cerrarse a las sorpresas de cada día.

Hemos recopilado datos y recogido experiencias sobre el Transiberiano. Hemos tenido que definir qué trazado seguimos, dónde y cuánto tiempo nos detenemos…dejando unas páginas en blanco para todo lo que vaya surgiendo. Seguiremos el curso de la mayor parte de los viajeros que, no llegan hasta Vladivostok, sino que, pasado el Lago Baikal, doblan hacia el sur, camino de Mongolia, para terminar en Beijing. Comentan que continuar hasta Vladivostok carece de interés, por la monotonía de la taiga, la escasez del paisaje humano y porque el destino es simplemente una base naval rusa sin mayor interés. Para nosotros serán en total ocho días completos en tren y más de 9000 Kms. por ferrocarriles rusos, mongoles y chinos.

Ahora, antes de tomar el avión, las sensaciones son confusas. Por supuesto hay nervios e intranquilidad por algo desconocido y diferente, donde habrá un montón de problemas y de imprevistos. Pero también hay inquietud por conocer otros rincones de esta aldea global que cada vez se hace más pequeña.

Al fin y al cabo esto es el siglo XXI y no somos más que unos turistas en un viaje, más o menos organizado, para visitar pueblos, ciudades, aldeas y gentes en el lado de allá del planeta. Hoy ya nadie descubre nada, ni hace nada original. Hasta una subida al Everest es un viaje organizado, que han hecho otros miles anteriormente. Lo diferente de cada uno puede ser la actitud, las ganas de aprender, de vivir algo diferente y ser capaz de quedarse con la boca abierta ante un paisaje inmaculado o ante una familia nómada. Todo lo demás son simplemente parques temáticos.

Día 1. De las torres de Cuéllar a las torres de Moscú

Día de aeropuertos. Día de nervios, de trasiegos, de esperas y de retrasos. Por fin, a las doce de la noche llegamos al Hotel Basílica , en el corazón de Moscú, un lugar de arte y de bohemia.

Azucena y José Luis están esperándonos. Ellos han volado hace dos días con Iberia, el resto del grupo llegamos hoy con «Siberia Airlines». Parece que una sola letra (Siberia–Iberia) separa dos mundos muy diferentes.

Pero ya hemos visto que tanto el cielo de Cuéllar como el de Moscú están dominados por las torres que recuerdan a unos dioses parecidos. A unos nos gustan esos dioses en imágenes o esculturas y a otros solo les gusta representarlos en iconos. Este simple detalle dio lugar a sangrientas guerras a lo largo de la historia.

De unas torres a otras hemos volado en unas horas. Quienes levantaron estas torres nunca pensarían en hacer un viaje que uniera los dos cielos tan lejanos. Hubiera sido un viaje de muchos meses.

Hoy no sólo han cambiado los medios sino sobre todo las cabezas y los espíritus. Tenemos medios y libertad para viajar, tenemos inquietudes, curiosidad y todo eso ensancha el horizonte y la vida de cada uno. Hay que pensar en esas gentes que nacían, vivían y morían viendo siempre cada día el mismo perfil del cielo, con las mismas iglesias y con ellas el mismo horizonte para toda su vida.

Autor: Jesús Eloy García Polo

Muévelo

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