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Transiberiano (12): Ulan Baator, capital de Mongolia

Dia 12: Ulan Baator (Capital de Mongolia), 15 de agosto

(Dejo aquí unidas las crónicas de los dos días que estuvimos en la capital. En medio de esos días hicimos un recorrido por las estepas mongolas, que veremos en las próximas jornadas.)

Es una ciudad fea, muy fea, creciendo de forma irregular con edificios de diseño en medio de una mar de bloques y casas de color gris soviético. Después de la segunda guerra mundial, Mongolia continuó siendo independiente, pero menos. La URSS marcó sus políticas y sus purgas. Fueron asesinados miles de monjes y de opositores. Otros muchos huyeron. Cientos de templos fueron destruidos. El gris en los edificios y en las conciencias se convirtió en el color oficial.

Aún hoy tienen sentimientos contradictorios en relación a Rusia. No así en relación a Genghis Khan, considerado el héroe nacional, aunque para nosotros fuera un sanguinario guerrero. Mongolia está creciendo por el empuje de la industria minera. La zona del desierto de Gobi, tiene riquezas naturales enormes que están siendo explotadas con apoyo de empresas chinas, australianas…

Hoy Mongolia es un país abierto a todo y a todos. Vemos muchos coches nuevos y caros. Hay productos del todo el mundo. Quieren recuperar el tiempo perdido pero de una forma un tanto caótica. Un ejemplo: en Ulan Baator, una ciudad de un millón de habitantes donde no hay semáforos. El caos es total y constante. Cada cruce es un atasco. Cada calle una procesión para los miles de coches que se mueven por toda la ciudad.

Por la tarde asistimos en el Teatro Nacional, a un festival de música mongola. Impresionante la gran variedad de música instrumental y vocal, desde el siglo XIII hasta hoy. Actúan diferentes grupos, solistas y al final varias interpretaciones de la orquesta Nacional de Mongolia, siempre con instrumentos tradicionales que para nosotros son muy exóticos. También hay una actuación de una contorsionista, una disciplina muy característica de la tradición mongola.

Terminamos el día probando el famoso té mongol: con leche, mantequilla, nata agria, carne de cordero y cereales; todo colado y con sal añadida…. UHHHHMMMM!!! Por supuesto el sabor es muy extraño. Ninguno podemos decir que nos guste, pero lo probamos, unos más que otros, agradeciendo la hospitalidad de este país tan diferente de Rusia. Gentes amables y simpáticas, que no se enfadan ni en medio de los atascos. Siempre sonríen. Estamos en Asia. Hemos dejado la fría Siberia y el agrio carácter ruso. Ahora estamos en el Imperio de Genghis Khan.

Día 16: Día tranquilo en Ulan Batoor 19 de agosto

Visitamos el monasterio de Gandam. Es un gran recinto prácticamente dentro de la ciudad. Fue construido en 1835 y fue el único de la capital que se salvó de la furia revolucionaria comunista. Hoy viven allí 400 monjes, pero llegó a haber 5.000. Allí hemos visitado varios templos. En dos de ellos los monjes estaban con sus monótonas plegarias, al olor de un incienso con tufillo a marihuana. Los fieles circulaban alrededor, orando a diferentes dioses y dejándoles ofrendas que, por supuesto, eran billetes.

Hemos visitado otro templo con un gran Buda de 20 metros, de un dorado auténtico. Todos los dioses han amado siempre el oro y el dinero. Los monjes predican la sencillez, la pobreza, no tienen nada… Pero viven rodeados de oro y riquezas porque sus dioses y los nuestros lo exigen así, para sentirse más poderosos y que los fieles se sientan más débiles. Este no es el Evangelio de Jesús que leímos, ni las palabras que Buda pronuncio 500 años antes.

Tenemos una tranquila tarde de compras. También hay que ejercer de turistas y no sólo de nómadas. Regalos, recuerdos, detalles, caprichos… los occidentales no necesitamos de nada pero compramos de todo. Sin embargo hoy es un poco distinto: las camisetas, abrigos, muñecas, mantelitos, botellas… nos van a recordar siempre este recorrido por Mongolia. Cuando bebamos en casa con los amigos un chupito de vodka Ghinggis Khaan será un tierno recuerdo de este país.

Hoy comento:

Cuando ya casi sabíamos leer las letras rusas, nos cambian al alfabeto mongol y esto ya es totalmente imposible. Quedamos en manos de nuestros buenos guías en todo momento. En este país se cruzan los caracteres cirílicos del ruso, los mongoles y los chinos. Alucinamos con los letreros. Como alucina Fernando de encontrarse en esta ciudad. Nos comenta que, siendo niño, cuando aprendía las capitales de Asia, siempre quedaba prendado del sonido sugerente de Ulan Baator y de Kuala Lumpur. Suponía que nunca podría llegar a viajar a aquellos países tan exóticos. Entonces estábamos paseando por Ulan Baator y tampoco imaginaba aquel día que, cinco años después, coincidiríamos en otro viaje en Kuala Lumpur. Hay que tener cuidado con los sueños… porque a veces se cumplen.

Autor: Jesús Eloy García Polo

Muévelo

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