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Esta España nuestra: Belchite, las sombras de la guerra

Continúo con este atípico recorrido por algunos de los pueblos que han sido machacados por el paso de la historia. Hoy llego hasta Belchite que se ha convertido en todo un símbolo de los desastres de la guerra, expresión del aragonés Francisco Goya, que nació aquí cerca, en Fuendetodos, un pueblo también bastante olvidado.

Siempre he tenido siempre presentes en mi mente fotográfica las secas imágenes de las calles destruidas de Belchite. Por fin he podido llegar hasta allí, dando un pequeño rodeo a la vuelta del Maestrazgo. Las ruinas del Pueblo Viejo de Belchite son más visitadas cada año, aunque cada año queda menos que visitar. En 2019 superaron los 40.000 visitantes. Es uno de esos lugares donde queda muy clara la diferencia entre un turista y la curiosidad de quien se mueve por ampliar el conocimiento. Son intereses y motivaciones diferentes.

Las ruinas del pueblo viejo están cercadas y no son accesibles libremente. Desde 2013 solo hay visitas guiadas. Como llegamos a una hora en que no había visita tuvimos que conformarnos con un recorrido exterior desde los límites más cercanos, que permiten una perspectiva global de todas las dimensiones de la tragedia.

La conocida como “Batalla de Belchite” tuvo lugar en los ardientes días del verano de 1937, desde el 24 de agosto hasta el 6 de septiembre. Ése fue el episodio más sangriento, aunque el pueblo cambió de manos repetidas veces a lo largo de la contienda, pero nunca con un asalto como el de 1937. Sin embargo la guerra en directo tampoco fue un suceso nuevo para los viejos muros mudéjares del pueblo. Aquí se libró una batalla perdida contra las tropas de Napoleón y aquí también hubo episodios bélicos en la Primera Guerra Carlista en 1838.

Todo tiene su explicación, porque Belchite se halla en el paso natural hacia Zaragoza. Esta fue también la razón de la batalla en la Guerra Civil. El ejército republicano avanzaba en diferentes frentes para tomar Zaragoza. Una de las columnas, que incluía la famosa XV Brigada con los brigadistas internacionales, se encontró con la fuerte resistencia en Belchite de más de 7000 falangistas y requetés. En lugar de pasar de largo y dejar aislada esa bolsa de resistencia, decidieron tomarlo. Cortaron el agua y los suministros, pero no fue suficiente. Bombardearon desde el aire y desde tierra, pero tampoco fue suficiente. La batalla tuvo lugar casa por casa, en una pelea sangrienta que dejó, entre ambos bandos, unos 5000 muertos en las calles de un pueblo que por entonces tenía 3800 habitantes. Al final de la contienda se había reducido a 1500. Más o menos la población actual. Después de tomar Belchite ya no fue posible la toma de Zaragoza y quedó patente la sarcástica inutilidad de las muertes de Belchite.

Frente a la larga hilera de casas e iglesias arruinadas no es difícil imaginarse la dureza de la tragedia de la guerra en estado puro, casa por casa, frente a frente, odio contra odio. Y paseando por aquí, con la mirada perdida, surge la pregunta ¿por qué?, ¿por qué estas inútiles tragedias cada cierto tiempo?, ¿por qué nos matamos unos a otros desde que el hombre es hombre? Los animales se pelean, pero nunca buscan la aniquilación. Mantienen unos códigos éticos no escritos. Las masacres y genocidios humanos serían incomprensibles para la ética animal. Parece que algo falló en nuestra evolución.

Finalizada la Guerra, el dictador Franco prometió que Belchite sería reconstruido, pero luego decidió que quedaría así como muestra de “la barbarie roja”. Al lado del pueblo se construyó un Campo de Concentración, “La Pequeña Rusia”, para albergar a los represaliados, que fueron empleados en la construcción del Nuevo Belchite. Se levantó una gran cruz de hierro para recordar a la mitad de los caídos. Los otros pasaron al olvido. Las ruinas quedaron simplemente como ruinas abandonadas. Y este pueblo destruido pasó a ser un recuerdo incómodo, incluso durante la Transición, porque era una destrucción del ejército republicano. Hasta ahí no llega la Memoria Histórica. Hoy estas ruinas no tienen rentabilidad política, por lo tanto no interesan a nadie y continúan ruinosas.

Mientras tanto estos muros de sangre y metralla han sido un escenario apocalíptico para los más variopintos usos. Guillermo del Toro rodó aquí El Laberinto del fauno. Iker Jiménez ha encontrado luces, fantasmas y ha oído muchas voces…Nacho Vidal lo vio como recinto apropiado para una peli porno. Se han grabado varios videos musicales … recientemente pasaron por estas calles Ariel Rot con Amaral en su programa “Un país para escucharlo”. Y más aún, el pasado verano llegó la primera edición del Belchite Music Night, en la plaza del pueblo destruido…¿Convertirán este rincón de la España Negra en un lugar turístico, en un gran Parque Temático?

Yo he recorrido Belchite con el mismo espíritu con el que visité Austzwitch y otros lugares de las inútiles masacres del siglo XX, como Sarajevo, los cementerios de Gallipoli en Turquía o el Museo de Tuol Sleng con los crímenes de los Jemeres Rojos. Son historias abominables, pero son nuestra historia. No se pueden banalizar. En España tenemos un problema sin resolver con nuestros muertos y nuestros lugares simbólicos. Belchite está en el mismo capítulo que El Valle de los Caidos. Son símbolos, pero no acertamos a definirlos y a cargarlos de un sentido que nos unifique en el dolor que para todos supone una guerra. Ya sabemos que, para la gente sin uniforme, no hay ni vencedores ni vencidos. Todos son perdedores.

Autor: Jesús Eloy García Polo

Muévelo

2 Comentarios

  1. «Se levantó una gran cruz de hierro para recordar a la mitad de los caídos. Los otros pasaron al olvido». 

    Muy acertada frase. Gracias por el interesante escrito.

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  2. Un sitio que sería recordar en todos los colegios de este país para que cosas asi no vuelvan a pasar y no polarizar tanto como hacen los politicos de hoy en dia. «Los otros» para mi solo habia españoles. Si eran comunistas o anarkos, creo que la cruz se la traeria floja y mas poniéndola quien la puso…. Un drama más de nuestro país…

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