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Esta España nuestra: la olvidada Ciudad de Vascos

Comienzo este recorrido por algunos lugares machacados por la historia, por la conocida como Ciudad de Vascos, una madina andalusí en el corazón de la Castilla histórica. Hoy es un gran recinto amurallado, vacío y perdido entre montes y encinares, que se encuentra al oeste de la provincia de Toledo, en el límite con Cáceres, al sur de Talavera. No es fácil llegar hasta allí y además hay que programar la visita. Este sitio arqueológico se ubica dentro de una propiedad privada, la Finca de las Cucañas. Solo es visitable entre junio y diciembre, los sábados de 10 a las 14 horas. Un camino de unos cinco kilómetros, entre encinas y matorrales, nos lleva hasta la vista panorámica de la antigua alcazaba, con el poblado a sus pies. Luego hay que andar, subir y bajar por los empinados vericuetos, calles y lugares donde habitó la vida hace más de mil años.

Fue una medina árabe, construida y habitada entre los siglos IX y XII. Hoy permanece envuelta en un gran misterio histórico porque no hay ninguna referencia a esta ciudad, ni en fuentes árabes ni en las cristianas. Los primeros datos proceden de las “Relaciones de los pueblos de España” de Felipe II, donde se describe el lugar.

Al llegar al final del camino y contemplar toda la grandiosidad de la fortaleza empezamos a necesitar esos datos para explicarnos qué hacen estos muros y construcciones perdidos en unos parajes tan escondidos. Coincidimos en la visita con un grupo de la Diputación de Toledo que llevaba su propio guía y nos ilustró a todos sobre los pormenores del lugar. Las excavaciones, llevadas a cabo desde 1975 han ido poniendo fechas y razones al devenir de este enclave tan escondido. Es un recinto muy valioso porque nos transmite la vida real de una ciudad omeya del siglo X, en pleno esplendor del Califato de Córdoba. Vamos paseando por sus calles y encontramos las casas y las infraestructuras de una ciudad árabe, los baños, las tenerías, dos mezquitas y otros recintos para los afanes sociales o militares.

De las excavaciones no se han extraído datos que hagan suponer que fue tomada o destruida en algún momento. Tampoco ningún resto que explique su ubicación en un lugar inexplicable. Los arqueólogos manejan tres hipótesis. Era una ciudad defensiva de los Omeya ante la población beréber instalada en la zona, que provocaba continuas revueltas contra el poder fiscal de Córdoba. Podría ser una ciudad desde donde se controlaba todas las zonas mineras de los Montes de Toledo, importantes entonces. O también pudiera ser un lugar estratégico para controlar algunos vados por donde se cruzaba el Tajo, junto con otras pequeñas fortalezas de la misma zona. En ningún momento fue una zona en disputa con los cristianos del norte. Cuando Alfonso VI tomó Toledo en 1085 probablemente esta ciudad ya había pasado a manos cristianas, sin luchas ni enfrentamientos.

Llama la atención su nombre actual. Los estudiosos explican que Vascos puede ser una deformación del árabe “Basak”, nombre que se cita para uno de los poblados controlados desde Medina al Talabaira (Talavera). Los cristianos ocuparon la ciudad a finales del siglo XI y pasaron de llamarla Madina de Basak a Ciudad de Vascos. Es una hipótesis. Sin embargo su hábitat cristiano duró poco. Han aparecido restos de enterramientos cristianos en la Mezquita y algunas monedas de la época, como únicos testimonios. Hay que suponer que, una vez pacificada la zona, el enclave carecía de todo valor estratégico y sus habitantes prefirieron establecerse en llanuras y vegas más aptas para vivir.

Quedó despoblada y abandonada en el siglo XII. Permaneció dormida en el tiempo. Nadie la saqueó, ni robó sus piedras para otros empeños. Solo el monótono paso del tiempo fue derrumbando sus paredes, muros y bóvedas. Hoy es un lugar sugerente por las historias no escritas que pueden encerrar sus calles. Es el silencio de la historia. Un lugar, que previamente fue habitado por celtíberos, luego por romanos, antes de árabes y cristianos, ha quedado como una pincelada perdida en el cuadro de nuestra historia.

Para completar y enriquecer esta visita tan evocadora nos llegamos después hasta el Dolmen de Azután, cerca de donde se inicia el camino a Ciudad de Vascos. No es el único dolmen en la zona. Debido a la sequía de este verano apareció en medio del Embalse de Valdecañas un gran dolmen que ha sido llamado el Stonehenge español. Llegamos tarde y ya no lo encontramos porque las aguas habían vuelto a cubrirlo. Las autoridades extremeñas (este lugar ya está en Cáceres), a pesar de las fuerte demandas, no consideraron adecuado su traslado a zonas no inundables. Habrá que esperar a otra gran sequía. Nos queda el Dolmen de Azután para situarnos en la prehistoria megalítica, la cultura que se extendió por toda la fachada atlántica y el occidente mediterráneo entre el quinto y el segundo milenio antes de nuestra era. Pero este será motivo para otro recorrido.

Autor: Jesús Eloy García Polo

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